El carbón, el gas natural y el petróleo continúan dominando la generación eléctrica mundial, con una participación del 57% de la producción total, según un nuevo análisis del Pew Research Center basado en datos del rastreador energético Ember. Aunque la cifra representa un descenso significativo respecto al 65% registrado en 2000, pone de manifiesto la persistente hegemonía de los hidrocarburos en los sistemas eléctricos mundiales, a pesar de décadas de inversión en alternativas energéticas limpias. Los resultados coinciden con una evaluación independiente del Energy Institute en su Statistical Review of World Energy, que estima la participación conjunta del carbón, el gas y el petróleo en el consumo mundial de energía primaria en un 86%, un nivel prácticamente inalterado durante las últimas dos décadas.
Ambos informes apuntan a una realidad estructural: las nuevas incorporaciones de capacidad renovable aún no han desplazado a los combustibles fósiles en ningún sentido agregado significativo. El viento y la energía solar han logrado, no obstante, avances notables. Entre ambas fuentes representan actualmente el 17% de la generación eléctrica mundial, frente a menos del 5% hace una década, según datos de Ember citados por el Pew Research Center.
Si se suman la geotermia, la energía hidráulica y la energía mareomotriz, las fuentes renovables superan colectivamente a los hidrocarburos en su cuota de la generación eléctrica global, un cálculo fuertemente influenciado por la consolidada e importante infraestructura hidroeléctrica mundial. Uno de los hallazgos más preocupantes del informe del Pew Research Center es la contracción del papel de la energía nuclear en la combinación eléctrica mundial. La nuclear aporta ahora apenas el 9% de la generación eléctrica global, frente al 17% de 2000, una caída pronunciada.
El Energy Institute ha identificado esta tendencia como especialmente problemática en el contexto de un crecimiento acelerado de la demanda eléctrica, que supera el ritmo de incorporación de nueva capacidad de generación incluso mientras se acelera el despliegue solar. El análisis del Energy Institute atribuye la dependencia continua del carbón, el gas y, en menor medida, el petróleo, a su naturaleza despachable: pueden movilizarse según la demanda, a diferencia de la generación eólica y solar, de carácter intermitente. Esta característica fundamental sigue haciendo indispensables a los hidrocarburos para la estabilidad de la red eléctrica en gran parte del mundo.
Tanto el Pew Research Center como el Energy Institute destacan un desequilibrio crítico: la demanda eléctrica mundial crece mucho más rápido de lo que se amplía la oferta, lo que impulsa un aumento del consumo absoluto de combustibles fósiles incluso cuando su participación relativa en la combinación de generación disminuye. China presenta el caso de estudio más paradójico en la transición energética global. El país lidera el mundo en capacidad instalada de energía eólica y solar, pero al mismo tiempo sigue siendo el mayor consumidor de carbón y continúa construyendo nuevas centrales eléctricas de carbón.
Esta dualidad ilustra la distinción entre las incorporaciones de capacidad energética y los patrones reales de consumo de energía. En el extremo opuesto del espectro, la Unión Europea registró un hito histórico en el que las fuentes no hidrocarburos representaron el 48% de la generación eléctrica, frente al 29% combinado del gas y el carbón, según datos de Ember. La cifra de la UE probablemente incluye una contribución significativa de la energía hidráulica, aunque el informe del Pew Research Center no ofrece un desglose detallado por tipo de fuente.
Los datos, publicados por Irina Slav para OilPrice.com el 21 de julio de 2026, ofrecen una imagen de una transición energética que avanza pero dista mucho de completarse, con los combustibles fósiles manteniendo una posición dominante en el sistema eléctrico mundial bien entrado el ecuador de la década de 2020.
Fuente: oilprice.com